jueves, 28 de abril de 2011

Si hoy tocara


Aunque parezca poco creíble, escuché un programa en el radio, el título era algo así como “Si hoy tocará…” (No recuerdo la otra parte, pero era como que pasaría); obviamente lo primero que vino a mi mente fue de manera inevitable evocar a Germán Dehesa, con su consabida frase de los viernes “Hoy Toca” y que la he hecho mía para compartir chistes. Muchos me han preguntado que toca… y la respuesta es lo que tú desees que te toque. En fin, el asunto es que me dije, ya saldrá el locutor con una tontería, sin embargo, logró atrapar mi atención y empezó a hablar acerca de los sentidos.

Una primera reflexión fue acerca de las coincidencias, de ahí el siguiente texto (Que de la misma forma llegó a mí, es decir, por puta coincidencia):

Coincidencia

Un hombre, cierta vez –dijo Rex, doblando la esquina con Margot-, perdió una mancuernilla de diamantes en el ancho mar azul, y veinte años después, exactamente en la misma fecha, un viernes, según parece, comió un pescado grande… pero no encontró la mancuernilla. Eso es lo que me gusta de las coincidencias.

Vladimir Nabokoc

La segunda reflexión y es materia del presente, es sobre los sentidos. Creo que los mismos se van amoldando a la memoria y a los recuerdos. Cuando utilizamos nuestros sentidos de cierta forma lo asociamos con hecho anteriores y si, por el contexto, el lugar, las personas, o cualquier otro factor, nos aportan una nueva sensación, entonces agregamos una nueva experiencia a nuestros sentidos.

He así que con esa idea me pregunté y concluyo: Qué piensas cuando evocas el uso de un sentido?

Hice la prueba y si evoco al sentido del gusto, del tacto, del oído, de la vista o el del olfato, nos lleva a recordar una sensación positiva, de satisfacción, gusto o placentera. Tal vez lo intentes y puede que por lo leído te sientas inducido a ello, pero creo que es un instinto primario y natural del ser humano, pensar en cosas agradables. Por ejemplo, del sentido del tacto, igual te lleva a imaginar, por ejemplo, la caricia de un amigo o un amante, o la suavidad de la seda, o la textura de la rosa, pero difícilmente, si es que imposible, imaginaremos la sensación de una quemada.

Lo mismo con los demás sentidos.

Por otro lado, la magia de los sentidos va más allá, ya que al pretender aislar uno para concentrarnos en la sensación, de manera natural, los demás se activan y se agudizan. Es decir, interactúan y dependen unos de los otros, pero nunca de manera aislada.

Si deseamos en un bosque por la noche, tratar de escuchar ese extraño ruido que nos llamó la atención por un breve instante, inmediatamente guardamos silencio y ponemos atención, pero nuestra vista se agudiza tratando de “ver” o descubrir dicho sonido. Nuestro cuerpo se detiene, incluso nuestra respiración, como un reflejo del tacto, aun sabiendo que no tocaremos nada.

Nuestro olfato busca alguna pista que nos permita identificar el origen de ese sonido, y aunque no sea nada perceptible, estamos preparados para identificar si huele a un animal, o pueda ser algo de la natural (El crujir de una rama, o de hojas pisadas, o de agua corriendo o cayendo, etc.).

Nuestro gusto, por otro lado, puede se refleje en una resequedad o en sed.

Lo mismo puede pasar en otros ejemplos, como degustar nuevos sabores, al catar un vino, probar una nueva fruta, etc.

O vivir una nueva experiencia, como lanzarse al vacío, subirse por primera vez a un caballo, o un tren, barco o avión, tratamos de captar no solo la sensación del movimiento, si no todo a su alrededor.

En fin, cosas que luego suceden sin darnos cuenta.

Y si hoy tocara ir al mar? En que piensas?

Con amor, 4s

La vida misma


Siempre valora la belleza, y te darás cuenta si la percibes en su contexto global que tú formas parte de esa belleza. Si vive la alegría, te convertirás en esa alegría.

Así mismo, recuerda que siempre habrá momentos del pasado que ponen una sonrisa en tu cara cada vez que los recuerdas, sin importar de que esas circunstancias particulares hayan sucedido hace mucho tiempo, esa alegría aún permanece en ti de manera intacta.

Esa alegría sigue dentro de ti. Forma parte de quien tú eres.

Porque tú eres quien eres, la alegría puede experimentarse a sí misma una y otra vez. La belleza tiene la capacidad de sobresalir en cualquier momento.

A lo largo de tu vida, el amor tiene la capacidad de hacer sentir su presencia en tu ser. Igualmente, la verdad tiene la capacidad de saber qué es verdadero. Y buscarás ambas cosas, entre otras, el amor, la verdad, la justicia, el bien.

Recuerda, tú eres la vida misma. Y en este preciso instante, maravillosas oportunidades te están llamando.

La vida misma te lleva a dilemas entre el bien y el mal, pero incluso en el mismo instante del fin de nuestros días, buscamos el perdón y buscamos el bien.

Con amor, 4s